¿QUIÉN TIENE LA RAZÓN?
Nuestro editorial siempre se refiere a lo que añadimos en la revista, las maravillas creativas del Grupo
VI-DA, que aman este producto literalmente con alma y vida, y a los libros que incluimos, los posters, cupones con descuentos en terapias, y nuestros programas nuevos en la tele y en la radio. Todo eso desde ya está en cada número y lo potenciamos y hacemos crecer, gracias a que ustedes convirtieron a la revista en una cita de oro que une a cientos de miles de personas en cada edición mensual.
Hoy le damos espacio a esta historia que tiene que ver con la creatividad, el entusiasmo, la gratitud, el merecimiento. Con todo aquello que uno brinda en estado de deleite y que hace que el resultado regrese multiplicadísimo, siempre y cuando no estemos pendientes incluso de él. Se
trata de “¿Quién tiene la razón?” Tres maneras diferentes de ver la vida:
Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno
de ellos y le preguntó:
-¿Qué están haciendo ustedes aquí?
El obrero lo miró con dureza y le respondió:
-¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras como esclavos por un sueldo
miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted ese mismo cartel. Allá ponen los nombres de ingenieros,
arquitectos, pero no ponen los nuestros que somos los que trabajamos duro y dejamos el pellejo en la obra.
El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo.
-Aquí, como usted bien puede ver, picando piedras para levantar este enorme edificio. El
trabajo es duro y está mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo y
algo hay que hacer para llevar la comida a los hijos.
Se acercó el visitante a un tercer obrero y una vez más le preguntó lo que estaba
haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo:
-Estamos levantando un hospital, el más hermoso del mundo. Las generaciones futuras
lo admirarán impresionadas y escucharán el entrar y salir constante de las ambulancias,
anunciando el auxilio de Dios para los hombres. Aunque yo no lo viera terminado,
quiero ser parte de esta extraordinaria aventura.
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El mismo trabajo, el mismo sueldo, la misma falta de reconocimiento; una misma
realidad. Tres maneras distintas de vivirla: como esclavitud; como resignación;
como pasión, aventura y desafío. Pensá que el mundo es un infierno y lo será.
Pensá que este mundo es parte del paraíso y lo será. Vivir con amor, convertir
el trabajo en una bendita responsabilidad, sentirnos parte de las buenas
obras, marca la diferencia.





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