La mente es una divina herramienta de trabajo. Ya lo hemos dicho una y otra vez.
Sólo hay que darse cuenta, desde la conciencia, de cómo ir calmándola, llevándola a la visión de lo trascendente. Haciendo que, intelectualmente, entienda lo vano de todo esfuerzo por los logros mundanos, que son inevitablemente efÃmeros, y que si, en cambio, se focalizara en la maestrÃa de la verdad, a su vez, todo logro mundano le pertenecerÃa al instante.
Algo asà como situándose en lo trascendente, todo lo otro, que no lo es, también se da por añadidura. La mente entiende esto. Hay que trabajarlo desde el silencio interior. Es conectándonos con nuestro silencio interno como a su vez, ese estado genera dicha. La dicha es una expresión sublime que hace que la personalidad se vaya yendo a su justo lugar, sin expresarse caprichosamente todo el tiempo.
La verdad empieza a expresarse en forma gozosa y fácil. No hay nada que forzar. Por eso, todos esos trabajos energéticos no son necesarios. Todo, especialmente la comprensión de los fenómenos espirituales, que tiene que ser manejado con autocontrol, sin caer en comportamientos adictivos, que se tornan psicóticos y desembocan en los delirios, y el fanatismo espiritual. Lo único que necesitas es amor incondicional.





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