ACTIVÁ LA CIRCULACIÓN DE TU FUERZA INTERIOR

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Salite del sedentarismo y activá la circulación de tu fuerza interior. ¿Cómo? Mediante visualizaciones sanadoras, la ingesta de determinados alimentos y hasta con ejercicios yoguísticos. En buen romance, entregándote a las distintas formas de meditación.

Acercate a ella intentando percibir tu niño interior y retomando la inocencia primigenia, hasta acceder a nuevos códigos de lenguaje cerebral. Si ya conocés algunas de estas técnicas y acudís a ellas para superar el estrés. Sería bárbaro que siguieras atravesándolas, incluso instando a que se sumen personas en tu misma condición.

Dedico pila de programas a difundir la necesidad de observar nuestro propio ser, con el fin de pasar, más antes que después, de la medicación a la meditación, puesto que una mente enferma conduce a un cuerpo enfermo. La meditación es una herramienta gratuita que se halla en uno mismo y que depende de la propia decisión y voluntad de cambio.
La situación debe estar bajo tu control, de lo contrario te dominará. Descubrí quién sos. Si aparece el “Yo verdadero”, tu espiritualidad será utilizada como una virtud; pero si despertás, terminarás desgastándote día a día.

Tao significa “camino”, y es el que necesitamos transitar con ecuanimidad ante los esquemas o dogmas que la mente nos prefija.
Explicándolo a la criolla, nada es como creíamos, y por eso mucha gente vive frustrada. Pasa que lo que percibía como correcto su filme mental, no coincide con lo que finalmente acontece.

Así que estate entero y apto, apuntá al hoy, al instante en el que todo comienza a suceder por primera vez. No planees, no hagas nada que te impida el deleite de captar. El hoy puede proponerte situaciones diferentes y mil veces provechosas.

Sé como un libro abierto, no te aprendas el texto de memoria ni persigas el sendero del otro. Preguntate: ¿Cómo voy a jugar el juego? ¿Qué ruta emprendo ya? ¿Para dónde indican mi corazón y mi percepción que tendría que rumbear? Y sentí en el palpitar, a través de la meditación, a la voz de Dios. Sí, de Dios, quien siempre desea lo mejor para vos.