¿Quién fue Jiddu Krishnamurti?

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Jiddu Krishnamurti es considerado uno de los grandes filósofos de los tiempos modernos, un religioso sin religión, además de orador, escritor y educador.

Nació en Madanapalle, al sur de la India, el 12 de mayo de 1895. Cuando era un adolescente, fue descubierto por Charles Leadbeater en Madrás, India. Y fue adoptado y criado bajo su tutela y la de Annie Besant, dentro de la Sociedad Teosófica Mundial, quienes vieron en él a un Líder Espiritual en potencia.  Fue educado por esta Sociedad pero renunció a ella pronunciando el famoso discurso de disolución de la “Orden de la Estrella” en el que afirmaba: “La verdad es una tierra sin caminos a la cual resulta imposible aproximarse mediante una religión filosófica o secta convencional.

A partir de esta renuncia, Krishnamurti  comenzó su propio camino de difusión de sus enseñanzas.

Sostenía no tener nacionalidad, ni pertenecer a ninguna religión, clase social, o pensamiento filosófico. Decía: “La verdad puede ser descubierta por cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna; al igual que la vida, está siempre presente en un sólo instante.”

Siempre rechazó la condición de gurú que muchos trataban de imponerle y no aceptaba discípulos. La base de sus enseñanzas estaba en la comprensión de que los cambios fundamentales de la sociedad podían tener lugar sólo con la transformación de la conciencia individual.

Interesado en  lograr que el hombre fuera libre, expresaba:  “Deseo liberarlo de todas las jaulas, de todos los temores, y no fundar religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías y nuevas filosofías”.

A los 27 años tuvo una profunda experiencia espiritual que transformó por completo su vida ; a partir de la misma se libró totalmente de ataduras y comenzó a  brindar todo su saber en la búsqueda de la verdad, despojado de doctrinas y dogmas.

A lo largo de su vida participó como orador en diferentes partes del mundo, tanto en grandes audiencias públicas, como en diálogos personales con científicos, líderes religiosos, políticos, psiquiatras, educadores y cualquier persona que se acercara a él. Entre ellos podemos nombrar a Jawaharlal Nehru, Leopoldo Stokowski, Aldous Huxley, Bernard Shaw, el Dalai Lama, David Bohm, Maurice Wilkins.

A través de las Fundaciones, que él mismo creó, se han publicado más de sesenta libros en los cuales se expone su amplio mensaje tendiente a la comprensión total del ser humano. También fundó escuelas con el propósito de generar una educación que llevara al estudiante y a los profesores a descubrir el arte de vivir y el verdadero significado de la vida misma.

A la edad de 90 años dio una conferencia en la ONU acerca de la paz y la conciencia, y recibió la Medalla de la Paz de la ONU en 1984. Su última conferencia fue dada un mes antes de su muerte, que ocurrió el 17 de febrero de 1986 en Ojai, California, Estados Unidos de América.

Krishnamurti había encargado a Mary Lutyens el nada fácil trabajo de confeccionar su extensa biografía y, en cuatro tomos, ella realizó un relato verdaderamente exhaustivo de su vida y de sus enseñanzas que nos guían en la búsqueda de la verdad.

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La relación sin conflicto por J. Krishnamurti

En nuestras relaciones buscamos seguridad y permanencia, pero ¿existe algo en la vida que sea permanente?
Al necesitar de esa seguridad y permanencia aparece el apego,
y así, hacemos a la otra persona objeto de ese intenso apego durante un mes, una semana o cincuenta años, entonces nacen toda clase de conflictos: celos, sospechas, miedo, sentimiento de adquisición y pérdida.
Vamos a suponer que ustedes no tienen ese deseo de seguridad y permanencia, ¿qué es la relación entonces? El deseo de estabilidad y apego con su correspondiente dolor y placer, ansiedad y miedo, no es amor. Cuando ese deseo y ese apego están total y absolutamente ausentes, el otro es como una flor que se abre.

El amor no es pensamiento, no es deseo ni placer.
El amor no es una interacción de imágenes. Mientras tengamos una imagen del otro, no hay amor.

Uno toma la mano de la otra persona, la abraza, camina a su lado, pero interiormente está separado de ella.

Es un hecho, afrontémoslo.

Por consiguiente, hay perpetuo conflicto entre esas dos personas. Uno pregunta: ¿Es posible vivir en relación con el otro sin que haya conflicto? ¿Se basa en la memoria nuestra relación? Porque si nuestra relación está hecha de recuerdos, de imágenes diversas, entonces todo lo que hay es producto del pensamiento; y ¿es el pensamiento amor? Háganse esta pregunta a ustedes mismos. ¿Puede haber paz entre los seres humanos sea cual fuere su color, raza, idioma o su así llamada cultura?
Para lograr esa paz, primero debe haber paz entre usted y el otro, entre usted y su esposa, entre usted y sus hijos, luego ¿es posible que haya paz, es decir, que no haya ningún conflicto? En la ausencia total de conflicto lo que hay es infinitamente más extraordinario que la actividad del pensamiento.

La vida es un movimiento de relación. Dos personas que viven juntas quizás se encuentren en la cama, pero por lo demás llevan vidas con intereses distintos. Son como dos líneas paralelas que nunca se encuentran. Y a esto, en lo que no existe un verdadero sentimiento de amor, llamamos relación.
¿Cómo es que los seres humanos con sus extraordinarias capacidades y su energía, con la inteligencia que han demostrado en el plano tecnológico, no han sabido resolver esta cuestión, este problema tan esencial? Ya puede uno meditar, dedicar su vida a la búsqueda de la iluminación, seguir al último gurú o a la última manifestación de lo que quiera que uno siga; si uno no ha resuelto este problema, ninguno de sus logros espirituales ni hallazgos tecnológicos le servirá de nada. Porque nuestra vida es relación, y mientras no resolvamos esta cuestión básica de la relación que en la actualidad nos aísla a unos de otros, ese aislamiento, inevitablemente, engendrará toda clase de desdicha, confusión, odio e ira.
Debemos preguntarnos si es posible entablar una relación en la que no haya ni la más leve sombra de conflicto.

La relación es el espejo en el que nos vemos a nosotros mismos tal y como somos. La vida es, en su totalidad, un movimiento de relación. Incluso el eremita tiene una relación con su pasado y con la gente de los alrededores. Es imposible escapar de la relación.

La relación está siempre en el presente vivo, no en el pasado muerto de la memoria, de los recuerdos, del placer y el dolor. La relación está activa en el ahora, relacionarse significa sencillamente eso.

Sólo hay relación cuando aceptamos lo que es, no cuando anhelamos lo que debería ser.