¿EN QUE MUNDO ELEGIS VIVIR?

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EL DILEMA DE LOS PIRATAS

Estaba en el living con mis dos hijos terminando de ver la película animada “Peter Pan”. De repente Leo, el más chico de los dos, me pregunta: “Papi… ¿Por qué En el Mundo de Nunca Jamás todos son niños, excepto los malos?” Al oír esto, tragué saliva. Con tan solo cinco años Leo me había planteado algo que nunca en mis treinta y cinco años me planteé, a pesar de haber visto, reído y disfrutado de este dibujo cientos de veces. Mi respuesta improvisada y nerviosa fue: – Lo que pasa es que los adultos hacen trampa… – Y ahí lo dejé. No sentí que debiera seguir ese diálogo, al menos no, en ese momento. Antes de irme a acostar le dije: – Mañana a la noche te daré una respuesta, ¿de acuerdo? – Leo asintió con su cabecita y también decide retirarse a dormir.

Tenía que encontrar una respuesta con sentido y justificada a semejante pregunta. Primero traté de elaborarla yo mismo, pero no fue muy fructífero mi esfuerzo, por el contrario… ¡quedé más confundido! Después se me ocurrió preguntarles a mis amigos en el trabajo, que ya habían pasado por esas experiencias con sus hijos, que ahora entraban en la etapa adolescente. ¡Hice agua nuevamente! Todo lo que obtuve fue respuestas como “¡Qué imaginación tiene tu hijo eh…!” Ó “¡Son cosas de chicos… ya se les va a pasar!” o respuestas como la de mi jefe que al pasar y oír responde: – “Ojo con ese chico, vigílalo… es muy fantasioso, tráelo a la realidad… quién sabe lo que puede pasar con él si no lo enderezas ahora”. En fin, nada de lo que obtuve me sirvió de algo como para elaborar una respuesta. Cómo un recurso dudoso, pero desesperado, decidí recurrir a la web. Mis conocimientos no eran enormes, pero algo había logrado aprender en los últimos años acerca de ella. Encontré muchos ensayos sobre filósofos, psicólogos freudianos, críticos en literatura y múltiples especialistas acerca de esta historia, pero nada que pudiera utilizar para responder a Leo su pregunta.
Termina el día laboral y vuelvo a casa. En parte cansado por el ajetreo normal del día, pero a la vez terriblemente triste por no poder responder en forma satisfactoria la pregunta de mi hijo. Llego a casa y lo primero que hago es dejar mis cosas y buscar a Leo. Sabía que debía ser franco con él, que como padre no se debe caer en la soberbia de pensar que tenemos todas las respuestas, ser humildes y reconocer cuando desconocemos algo.


Me acerco a él, transpirando como si estuviésemos en verano, y con un susurro que se parecía más a una afonía que a un susurro le dije: – Hijo, tengo algo que decirte. – Leo, se da vuelta y muestra una mirada transparente: – ¿Si papi? – Me pregunta inocentemente.: – Tengo que confesarte algo… no tengo idea de por qué sólo los adultos son malos en Nunca Jamás… – Leo se ríe… su risa cristalina traspasa las paredes de su cuarto para llenar todo el hogar con ese sonido. Me sentí un poco enojado al ver esa reacción y un poco dolido le reclamo: ¿De qué te ríes? ¡Estuve todo el santo día pensando una respuesta!
- No te preocupes pa… Ya sé por qué son así… – Me responde muy campante y sigue jugando con sus ladrillos. ¡No podía dar crédito a mis oídos! – ¡Entonces dime! ¿Por qué son así? – Le respondí en una mezcla de orgullo y de desesperante curiosidad… De tanto buscar una respuesta, terminé interesándome por el tema más de lo que quería admitir…


- Hablé con mis amigos en el jardín y después de un rato nos dimos cuenta de por qué: – Ellos todavía creen que están en el mundo de Wendy. El mundo gris y triste donde solo se ven que pasan cosas malas todo el tiempo: guerras, odios, divisiones. No se dan cuenta que en el Mundo de Nunca Jamás eso no existe. Que pueden ser felices y libres de todo eso. Por eso Peter puede volar y el Capitán Garfio no… es libre. En realidad, llegamos a la conclusión de que no son malos, sólo están confundidos… – A todo esto agregó: – Qué suerte que tuvo Wendy al irse de allí, ¿no? Aunque sea por un tiempito…
Al oír esto, boquiabierto, le respondo: – Hijo, te amo…
-Yo también papi… – me responde con sencillez. Lo beso y lo abrazo como nunca y le digo: – Hasta mañana, que descanses…
Dejo la habitación y me encuentro en el comedor con mi mujer. La beso y le digo: – Si algún día me ves “Garfio”, recuérdame que puedo ser “Peter”… “Wendy”. Así, nos vamos juntos a la cama para ver si a partir de mañana, podemos empezar el día volando.